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Los muertos ya no perdonan

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    No he muerto. No he tenido que morirme  y he llegado através de una puerta invisible al Cielo.   Aquí he llegado, a donde llegan los mártires,  a donde llegan los santos, y los que fueron felices, los que amaron y los que perdonaron. Entonces, alguien viene y me pregunta "¿Cómo es posible que estés aquí, ya, si no te has muerto?"    "De la muerte, la puerta se abre y luego se cierra... Incluso la del Entendimiento. Claro que también hay otra puerta medio olvidada, no me acordaba, y esa siempre está abierta. Pero curiosament es por la que nunca nadie quiere entrar. Es una puerta pequeñ la puerta de atrás. Y cierto es que hay que estar bien vivo para entrar por ella.  Porque los muertos ya no perdonan. " Los muertos, es cierto que llegan- ¡Aquí hay sitio para todos!- Entran, como con mucha pompa, con indulgencia de difunto y todo el mundo les llora. Entran a través de la sagrada puerta del AMOR "de los su...
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      Me refugio en este sueño: Este sueño atrincherado es el sueño del pasado, me servía de alimento, me permitió ser un vago.   Me pregunto si fue engaño dejarme llevar del mito de que un joven siempre puede cumplir sus sueños de niño.   Los sueños, del niño no son,  Y la juventud se nos pasa, Se nos acaba la fuerza,  Perdemos toda la gracia.                      Solo nos quedan las formas.   Y ahora que pienso despierto ya fuera de la trinchera, lo único que necesito es grasa para mi vela. La que encendida te aguarda como sólo un niño vela.

Aún estando siempre lejos

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¿Cómo puedo amarte cuando siento ? ¿Cómo puedo quererte si ni siquiera te veo? Cuando lo único que quiero es tenerte aquí conmigo. Para poder sonreír, tendría que ser feliz. Para poder abrazarte, tu tendrías que dejarte y quererme como antes, Niño Mío. Dime cuál es tu secreto, que aún estando siempre lejos, no te olvido, no te olvido, y estás despierto en mis sueños, aunque sigas tan dormido... Dime cuál es tu secreto Niño Mío.

CURANDERITO

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 Curanderito de almas,  curanderito. Hay quien te quita las penas imponiéndote las palmas. Curanderito. A mi una palabra tuya me ha rescatado hasta el alma. A mi una mirada tuya es todo lo que me basta. Curanderito. ¡Quién pudiera aquí tenerte otra vez a ti, abrazada!
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 UN CUENTO PARA PRINCESAS   Aquí, la imagen del rey  ya no se tiene aunque en algunas naciones aún se mantiene. Yo misma cuando era joven fui muy monárquica hasta que trunqué mis ambiciones y me hice anárquica. Pues pensé que casaría con un zar o emperador, presidente de república o cualquier grande señor, fui monárquica hasta  la médula mientras me mantuve  crédula. Defensora del machismo,  sin mirar a quién  me juntaba, me junté con lo peor por jugar atolondrada toda mi vida entera a la carta perdedera. Mujer tan machista fui que entre las otras mujeres destaqué por lo febril de mi lucha contra todas y una a una las vencí... Y todo por ser la zarina de una corte carmesí.     Aquí la imagen del rey ya no se tiene. Es La Reina la que manda. Pues emponderada ella entre todas las mujeres ha arrebatado el poder a fuerza de seducciones y como quien pisa escalones, pisa niños, pisa hombres con tal de ascender de presto con desparpajo siniestr...
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 ¡Cómo llora! ¡La virgen! Mirad cómo está llorando... Es sentir sus lágrimas y se me parte el alma.    Como lluvia copiosa  inundando las calles con sus charcos, como viento violento barriendo las caídas hojas  de los plátanos.    ¡Cómo llora! ¡La virgen! Mirad cómo está llorando. Como una DANA horrorosa  embarrando carreteras, cerrando puertos rabiosa. Bajo una tela espesa y blanca la DANA  pinta un escenario mientras se escucha ese lloro. ¡Y cómo llora! ¡La virgen! Mirad cómo está llorando. Trazando trampas mortales como rampas de hielo y argayos. La DANA no se detiene. ¿Te extraña que venga llorando quien sea que llore tan triste  con este mísero canto? Inmaculada Divina muestra tus amables manos. Inmaculada Divina confiesa y dinos su nombre. ¿Quién está llorando tanto? ¿Es el Ángel de la muerte encargado con La Parca de alejarnos del calor de los viejos allegados? O ¿Son los niños ya muertos que lloran desesperados y arrancados de su...
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 Los helechos no tienen flor, niña. Los helechos no tienen flor. Decir que los helechos tienen flor es como decir que los burros tienen alas. ¡Yo no he dicho que seas  más tonta que un burro, niña! ¿Qué disparates dices? ¡Qué disparates!